Publicada por la Editorial Jorge Álvarez en 1968, Vida del Che iba a contar, en principio, con dos
historietas separadas; una dibujada por Alberto Breccia y otra por Enrique Breccia. Los guiones
de Oesterheld mostraban claramente las dos facetas del Che, la del hombre (Alberto) y la del mito
revolucionario (Enrique). Y lo hacía desde la propia estructura discursiva, escogiendo un narrador
en tercera persona para los años formacionales que comenzaban en Rosario y se detenían en El
Congo, tras pasar por la Sierra Maestra; y abrazando la primera persona para el fatal destino
boliviano y su salto sin red a la eternidad. Un texto mucho más moros y cargado de detalles en la
primera instancia, que dejaba paso al libre fluir de la conciencia del Che, en el último tramo. Un
recurso creativo que le permitía ir metiendo al lector en la piel y las tripas de Guevara, yendo de la
razón al sentimiento, del dicho al hecho. La pasión según el Che, apelando a la clásica metáfora
cristiana de sacrificio personal en pos del bienestar general. O el paso del hombre al Hombre
Nuevo.