Shintaro Kago nos ofrece varios relatos en los que
la acción se sitúa en el antiguo Edo. Aunque se
pueden leer independientemente, los personajes se
van repitiendo y en su conjunto se trata más bien
de una obra coral que de una serie de relatos independientes.
Como siempre, Kago nos sumerge en
su particular universo en el que tienen cabida el
morbo, la degradación, el horror y el más pervertido
sentido del humor. El maestro del eroguro se
supera sí mismo en cuanto a originalidad, plantea
situaciones que son desternillantes de lo absurdas
que resultan, terroríficas de lo crueles que son y
angustiosas por el mal sabor de boca que te dejan.