Cuando Alfonso XI murió en 1350 nadie se imaginaba que pronto estallaría la primera guerra civil castellana. Una guerra que duraría casi veinte años, y que enfrentaría al rey legítimo, Pedro I, y a Enrique II, su hermano bastardo, en un duelo de sangre, venganzas y conspiraciones.
La batalla de Montiel fue el escenario del último acto de esta tragedia fratricida. En ella, Pedro y Enrique saldarían sus cuentas pendientes, conscientes de que el destino no admite pactos.
Solo podía quedar uno.